Ante la noticia, el Padre Arrupe exclamaba en Roma el 19 de marzo que “la noticia del reciente asesinato en la república centroamericana de El Salvador del padre Rutilio Grande, me parece una clara señal del Señor. Le había precedido, en corto plazo, el padre João Bosco P. Brunier […] Han sido hombres de cualidades humanas normales, de vida oculta, casi desconocidos, que vivían en pueblos pequeños, dedicados por completo al servicio diario de los pobres y de los que sufren… Son, por tanto, testimonios individuales e indudables de la línea que la Congregación General XXXII señaló para la Compañía: de servicio a la fe y de promoción de la justicia”.58
Rutilio nació en la villa de El Paisnal–cerca de donde fue asesinado–el 5 de julio de 1928, fue bautizado en Guazapa. Conoció al gran arzobispo Chávez en 1938, a quien en mayo del 40 le confesó su deseo de ser sacerdote. Cuando visitaba poco después su pueblo como seminarista, “daba la imagen constante de un niño candoroso, puro y piadoso”.59 A los 17 años entraba al noviciado de los jesuitas en Venezuela, realizó sus estudios en Quito, y desde 1953 los continuó en Oña (España). Pasó todavía por el instituto Lumen Vitae de Bruselas en 1963. Después de experiencias pedagógicas en El Salvador va al IPLA en 1972, y, como hemos dicho, toma posesión de la parroquia de Aguilares en 1972. En 1970 se había atrevido a levantarse contra la Conferencia Episcopal que había juzgado mal una Semana Pastoral que organizara Edgar Beltrán, del CELAM. Rutilio llego a decir que “la Conferencia Episcopal, al criticar la teología de la liberación, fundamento de la semana pastoral, había olvidado lo que sobre ello había dicho Medellín”.60 A la teología de la liberación la había descubierto en 1969, en una reunión general de los jesuitas centroamericanos. En Quito estuvo junto a Marcos Reveló y con Higinio Alas.
Su parroquia de Aguilares era un lugar conflictivo. Por ello se lanzó de inmediato a la evangelización de los campesinos, por medio de comunidades vivas. De sus 30.000 habitantes, que trabajaban principalmente en el azúcar, pocos eran los latifundistas que de hecho dominaban la zona con tres grandes ingenios. La primera etapa pastoral, iniciada en enero de 1973, fue realizar una gran misión, con nuevo estilo, de donde se pudieron descubrir los líderes naturales entre los campesinos. Se eligieron delegados. El 10 de junio de 1973, Fiesta de Pentecostés, nació la comunidad cristiana de Aguilares y terminó la primera etapa. La concentración religiosa de los campesinos, que venían de sus caseríos y pueblos fue tal, que asombró a los pueblerinos de Aguilares. Habían 10 comunidades urbanas y 27 rurales, con más de 300 animadores. La segunda etapa consistió en la formación de los agentes de pastoral, los líderes naturales de las comunidades. Los delegados fueron la plataforma operativa que dinamizó y permitió hacer crecer las comunidades. Se dieron cursos, cursillos. Se envió a líderes a formarse. Rutilio comunicaba un espíritu de responsabilidad, de pobreza, de colaboración. Los delegados fueron tomando las comunidades como trabajo propio.
Simultáneamente que los campesinos fueron tomando conciencia cristiana no pudo evitarse que tomaran conciencia política. El 24 de mayo de 1973–seis meses después de comenzar las experiencias misioneras–, se produjo la huelga de La Cabaña, donde pararon 1.600 trabajadores del azúcar. De inmediato fue acusado Rutilio de meterse en política, y con ello mismo se transformó en un símbolo visible para los campesinos de tales dimensiones que ya nunca cesaría de crecer. Rutilio siempre insistió en que su trabajo y responsabilidad era, exclusivamente, organizar los grupos evangelizadores. Pero tenía conciencia que ello llevaba igualmente a la organización política. Muy pronto apareció en la parroquia FECCAS (Federacion Cristiana de Campesinos). Rutilio nunca aconsejó a nadie afiliarse, pero los líderes cristianos lo hicieron naturalmente.
El 17 de julio de 1975 el Frente Religioso Conservador acusó a los sacerdotes de subversivos. Rutilio les contestó valientemente, y “el niño piadoso de El Paisnal” se encendió de santa cólera llamándoles “¡Hipócritas! Dejen de seguir llamándose católicos porque mienten”. La parroquia de Aguilares había cobrado importancia nacional. El 21 de diciembre del 75 FECCAS realizó la primera manifestación pública en la parroquia. Rutilio insistía que su tarea era evangelizadora y no política, pero la ambigüedad hacia afuera era imposible de aclarar. Como explicación de Rutilio al arzobispo, exclamó: “Sé que no puedo oponerme a ellos–los campesinos sindicalizados–como pastor, sino al contrario, tratar de iluminarlos como cristianos y a partir de la fe”. Esta crisis irá siempre en aumento.
Aunque el gobierno quiso hacer algunas reformas en el agro, las pudientes familias propietarias se opusieron tenazmente. Éstas exigieron mayor control sobre el clero. A todo esto se agregó el caos de cambio de gobierno, fraudulento, y el cambio de arzobispo. El 11 de diciembre del 76 el ejército ocupó El Paisnal, lugar de su nacimiento y parte de su parroquia. Rutilio fue al lugar a investigar. La parroquia había arrastrado a muchas otras a comenzar trabajos en favor de los campesinos. El 13 de febrero del 77 lanzó el encendido discurso en favor del padre Bernal expulsado.
El 12 de marzo del 77 Rutilio salió por la tarde, de ese sábado, para presidir la eucaristía en El Paisnal. Lo acompañaban Manuel Solórzano de 72 años, Nelson Rutilio Lemus de 16 años. Fueron emboscados mientras atravesaban unos campos con su jeep, y ametrallados–las balas, según pericia posterior pertenecían a la policía, armas marca Mantzer–. Millares de campesinos se reunieron en la parroquia para despedir definitivamente a Rutilio, y más de 100.000 personas se convocaron en la catedral de San Salvador donde el nuevo arzobispo Oscar Romero y Mons Rivera Damas celebraron la liturgia. En las fotos de estas celebraciones en memoria de Rutilio se ve al Padre Alfonso Navarro, que será asesinado el 11 de mayo por las mismas causas y asesinos. Es importante recordar que en 1969 el padre Alfonso Navarro O., como vicario cooperador de la arquidiócesis había encabezado en las firmas, una carta en donde un grupo de sacerdotes se oponían a que fuera elevado al cardenalato el arzobispo de Guatemala. Esta carta fue apoyada por la JEC, ACUS, MIIC y otros movimientos laicos. Mons Romero dijo en la homilía “El Padre Grande, sin lastimar ni violentar a sus fieles en la práctica de su religión popular, fue formando una verdadera comunidad de fe, de esperanza y de amor entre ellos, haciendo conciencia de su dignidad de personas, de sus derechos fundamentales propios de todo hombre y también de su promoción humana integral”.61
Este hecho mayor en la historia de El Salvador, ha sido al mismo tiem- po el hecho más concientizador de la Iglesia. La muerte de Rutilio tuvo enorme trascendencia en los medios campesinos, en los universitarios, en las clases medias y profesionales.
Pero la persecución sólo ha comenzado. El 22 de abril capturan a Rubén Zamora miembro de la comisión de Justicia y Paz de la arquidiócesis. El 4 de mayo estalla una bomba en la imprenta del semanario Orientación. El 5 expulsan, después de torturarlo, al padre Jorge Sarsanedas, jesuita panameño. Los ataques se suceden día tras día, pero la Iglesia ha tornado la resolución de afrontar a la oligarquía y al Estado militarista. La gran revelación fue el nuevo arzobispo, Mons Oscar Romero Galdamez, que se transformará en el abanderado de los oprimidos de El Salvador, emulando a los más grandes pastores de toda la historia de Centro América desde el Siglo XVI. Ante el asesinato del sacerdote diocesano Alfonso Navarro Oviedo, párroco de Miramontes de la capital, el episcopado da a conocer un mensaje “Ante la ola de violencia que enluta al país”: “Es ayudar al marxismo el considerar marxistas–citando al episcopado chileno pero en otro contexto–o sospechoso de marxismo a todo el que lucha por la dignidad del hombre, por la justicia y la igualdad, al que pide participación, al que se opone a la prepotencia”.62
Mons Romero había dicho en la homilía del 19 de junio, en memoria de Rutilio Grande: “Hoy me toca venir a recoger esta Iglesia y este convento profanado, un sagrario destruido y sobre todo este pueblo humillado […] Queremos decirles hermanos que el dolor de ustedes es el dolor de la Iglesia […] Aguilares está contando la estrofa preciosa de liberación […] Somos testigos de este dolor, de esta separación, lo vivimos muy de cerca porque como Pastor sentimos esa confianza dolorida de quienes buscan a través de la Iglesia un encuentro con esos que la crueldad ha dispersado […] Especialmente en este continente latinoamericano con sus luminosos documentos de Medellín, que son doctrina auténtica de la Iglesia”.63
Uno de los asistentes dijo que “el sermón del arzobispo no hubiera sido superado por San Juan Crisóstomo. Ya no se podrá escribir sobre la Eucaristía sin tener como modelo ésta de Aguilares, donde, en un ambiente de pasión-resurrección se vivió un aire de fiesta y de acción de gracias, al mismo tiempo que el perdón y el compromiso cristiano de seguir luchando por la liberación del hombre, por desterrar el pecado estructural y con una participación total del pueblo que aplaudió, lloró y cantó como nunca”.64
El 21 de junio del 77 un grupo, la Unión Guerrera Blanca, da a conocer un ultimatum por el que amenazan de muerte a todos los padres jesuitas de El Salvador, dándoles un plazo de un mes para que abandonen el país.65
Mons. Romero no asiste a los actos de investidura del nuevo presidente, como protesta de todos los actos contra los derechos humanos. Por su parte los jesuitas, desde su provincial el Padre César Jerez–apoyado firmemente por el general, el padre Arrupe–, dan a conocer un mensaje “Los Jesuitas ante el pueblo”, en junio del 77, donde explican que no se conocen las causas de las acusaciones, ni se sabe quienes se indignan por lo que hubieran hecho. Los jesuitas, que han soportado seis atentados de bombas en su universidad y 15 sacerdotes expulsados del país, y uno de ellos muerto, dicen: “Es bien sabido que el campesinado constituye la porción mayoritaria del pueblo salvadoreño. Pero es también el campesinado el sector más brutalmente afectado por condiciones inhumanas de miseria y marginación”.66
Se explica por qué el padre Rutilio Grande fue encargado en 1972 de una parroquia de campesinos, de la posición de la Iglesia en Medellín, de las conclusiones de la XXXII congregación general de los jesuitas (en aquello del “servicio a la fe y la promoción de la justicia”), y como consecuencia, invocando antes al Señor (“¡Ven Señor Jesús!”, Apoc. 22,30), deciden no moverse ninguno de El Salvador, porque escuchan “el grito del cristiano de hoy, y de los pobres que esperan la liberación que trae el Señor y por el cual luchamos”.
Referencias:
58. Mensaje 258 (1977), p. 214
59. Rutilio Grande, supra, p. 15
60. Ibid., p. 39
61. Ibid., pp. 117-118
62. Praxis de los Padres de América Latina, p. 976
63. ECA 344 (1977), p. 433
64. Signos de lucha y esperanza, p.334
65. ICI 516 (1977), pp. 42-43
66. ECA 344 (1977), pp. 434-450; Signos de lucha y esperanza, pp.184-187
FUENTE Original:

Dussel, Enrique, De Medellin a Puebla. Una década de Sangre y Esperanza. 1968-1979. Mexico City, Edicol., 1979, pp. 394-397
Excerpt used under Fair Use (USA) and Fair Dealing (UK/EU) principles for educational and commentary purposes, con agradecimiento a la página web de Enrique Dussel (1934-2023) donde sus obras se encuentran disponibles gratuitamente. Please visit the amazing resource: http://www.enriquedussel.com/novedades/libros/ where dozens of publications are available for download in Spanish, Portuguese, Italian, French, and English.

Leave a Reply